Cómo sobrevivir a unas elecciones con alguien en tu vida.
Spoiler: rodéate de gente que te aprecie y lo entienda, o no tendrás vida social.
La vida política a veces tiene sus más y sus menos. Hay días en los que estas más contenta y días en los que quieres mandarlo todo a la mierda porque te cabreas con el mundo. Quien lo ve desde fuera casi nunca lo entiende. Pero seamos claras, la política es la novia tóxica con la que no quieres vivir, pero sin la que tampoco sabes vivir. Muchas veces salen las cosas mal, otras te llevas alegrías. Aunque si te rodeas de gente que acaba siendo tu familia política medio elegida, te llevas muchas cosas para ti.
Nosotras dentro de nada empezamos elecciones autonómicas. Son duras, sí, pero no son nada comparables con las municipales. En apenas un par de meses se concentran todos los actos habidos y por haber, más de los que te puedas imaginar, y si vas en lista te toca ir corriendo a todas partes. Sales de trabajar de tu jornada de ocho horas y te toca hacer 30km para llegar a un acto de campaña. Así durante un mes por lo menos. Por eso es fundamental rodearte de gente que de verdad te aprecie.
Este texto lo he querido escribir porque cuando corrían las elecciones municipales de 2023, aquí una decidió que ya estaba cansada de vivir sola la vida y quiso echarse un algo. Spoiler, salió fatal. Durante ese tiempo me dediqué más a actos, reuniones e historias que a verle. Pero ojo, yo avisé. La otra persona no lo entendió.
Con todo este contexto, y desde la experiencia, no necesariamente exitosa, creo que ha llegado el momento de compartir un manual de supervivencia electoral. No está avalado por ningún colegio profesional, no garantiza finales felices y puede provocar cansancio crónico, falta de paciencia, exceso de cafés y tilas o acabar en la cama con fiebre después de un día intenso como apoderada en un colegio electoral justo un día antes de que Pedro Sánchez convoque elecciones generales. Aun así, puede evitarte algún disgusto.
- Si tienes a alguien a tu lado prepárale mentalmente. Esto puede ser duro.
- Déjale claro que le vas a poner los cuernos con la política. Es tu segundo amor. Tóxico, pero es tu amor.
- Si se queja a la mínima de que no te ve casi en esa temporada, obviando los momentos anteriores que le has dedicado, no es para ti.
- Para aplicar el tercer punto, está claro que has tenido que haberle dado esos momentos. Porque si no se lo has dado y siempre pasas de esa persona por la política, es que eso jamás ha funcionado.
- Los momentos que puedas sacar algo de tiempo para tu pareja o amigos, no les hables de la campaña. Desconecta.
- Prepara muchas tilas y cafés. Los vas a necesitar.
- Apóyate en tu gente dentro de la política, les vas a ver más que a tu familia.
- El día de reflexión haz algo que compense tu ausencia con esas personas. Son parte de ti y se lo merecen.
- Cuando todo acaba, te das cuenta de quién se ha quedado. Ahí es donde se gana o se pierde de verdad. Cuida a quien se quede.
- Las elecciones pasan. La gente que te ha sostenido no debería pasar.
Durante esos días vas a comer mal, llegar tarde a casa, acumular mensajes sin responder y dormir poco. Le darás vueltas al texto del próximo acto o a esa idea de campaña que no termina de cuajar. Hay que asumirlo.
Porque al final las elecciones pasan. Pasan las pegadas de carteles, los mítines, los kilómetros o paseos que te tienes que dar, los cafés deprisa y corriendo y las discusiones que empiezan con "esto no es personal".
Nosotras nos quedamos. Nos quedamos con el cuerpo cansado, con la agenda vacía de repente y con la cabeza funcionando todavía a mil por hora. Nos quedamos mirando alrededor para ver quién ha aguantado el ritmo, quién entendió el silencio y quién supo que no era una ausencia, sino entrega a una causa.
Nosotras sabemos que militar también es perderse cosas, llegar tarde, prometer contestar a conversaciones que no siempre llegan y amar a veces en diferido. Sabemos que no todo el mundo puede, ni quiere, aguantar todo eso, y eso está bien. No es un reproche, es un límite.
Por eso, cuando todo acaba, no solo contamos los votos que hemos obtenido. Contamos cuidados, complicidades y lealtades pequeñas pero firmes. Y aprendemos, sobre todo aprendemos que no merece la pena quedarnos solas para hacerla posible.
Nosotras seguiremos estando. Con más cafés y tilas, con la certeza de que sin una red no hay campaña que valga la pena, y de que cuidarnos entre nosotras también es una forma de resistir.
Lo jodido es como sea de otro partido: no sólo os veis aún menos sino que encima discutís
Elegir quedarse significa compromiso con la gente que queda, valorar lo que haces en tales momentos de acción y presencia y crear un lugar de apego para sobrevivir. Es una opción que supone un contrato social. ¿Qué duración tendrá?